Soy una gaditana en busca de buenas historias. Una trotamundos que del periodismo y la cultura come poco, pero bien.

25 de mayo de 2012

Entrevista con Rafael Larreina, de Amaiur, sobre política 2.0


Vídeo de Celia Hernández/Entrevista Noelia Vera
Ágora News

La política sigue siendo 1.0, según Rafael Larreina, diputado por Guipúzcoa de Amaiur en el Congreso de los Diputados. Se lo decía entre vinos y castizos platos a #15conspiradores; a 15 periodistas, bloggers y líderes de opinión que, una vez al mes, se sientan en la madrileña taberna 'Los Conspiradores' para comer y conversar sobre política 2.0 con representantes políticos de reconocida actividad en redes sociales e Internet.



Rafael Larreina escribe en su blog desde 1999. Es miembro de la asociación Internet&Euskadi y tuitea con frecuencia. Su intención es escuchar: "Sobre todo soy un ciudadano más, con voz propia en este blog y dispuesto a hablar de cualquier tema contigo", dice su biografía. Y participa en Comidas 2.0 porque, según el economista y ex redactor, "facilita la transparencia con los medios de comunicación".

Es escéptico, sin embargo, en la eficacia de las redes sociales: "Hay que ser humildes y saber que quienes nos movemos en ese mundo somos una minoría ilustrada; pero tenemos el gran reto de sumar a más gente de la calle a ese movimiento renovador, modernizador y sobre todo, a ese movimiento que busca la igualdad de oportunidades a la hora de comunicar, de pensar y de decidir", apuntaba en una entrevista con Ágora News.

Y frente al hecho de que "somos minoría", el hecho de que la ciudadanía no siente aún que su participación llegue a buen puerto: "Cuando la gente de la calle tenga la sensación de que los políticos no pasan de ella; cuando sienta que se le escucha y que cuando intenta hacer llegar un mensaje es escuchado, valorado, calibrado y que, por tanto, puede tener una trascendencia para cambiar la política, entonces sí creo que serán eficaces".

Con respecto a la relación entre políticos, medios de comunicación y ciudadanía, Larreina apuntaba la necesidad de una mayor colaboración para favorecer la transparencia: "Los medios se han dejado llevar por esa corriente política de intentar colocar un mensaje caiga quien caiga y no han contribuido a normalizar la política; no han contribuido a crear ese microclima democrático en el que todas las opiniones sean validas, valorables, reconocibles y tenidas en cuenta siempre que sean defendidas y puestas en marcha de una forma democrática y pacífica", criticaba desde un punto de vista generalista.

En lo referente a la "pérdida de dignidad" de la profesión periodística: "Yo no soy partidario de las ruedas de prensa sin preguntas, sin embargo, sí soy partidario de que las preguntas sólo sean del tema que se ha planteado en la rueda de prensa", argumentaba.

"Los medios de comunicación pueden jugar un papel positivo, y ahí podemos aportar los que estamos en el mundo de la política: aportando transparencia, sometiéndonos a las demandas y estando dispuestos a responder a todas las preguntas que se nos plantean", concluía.



Presente y futuro de Amaiur

Amaiur, según su portavoz en el Congreso,  "va a ser una fuerza determinante en el conjunto de Euskadi" y "puede convertirse en la primera". En este sentido, Larreina asegura que "va a ser un motor de transformación del país", no solo en la vía soberanista, sino en un cambio de modelo socioeconómico:"Pensamos que hay alternativa a la crisis económica y que hay alternativas diferentes a las que se están impulsando", señalaba como primera línea de su estrategia política.

"Vamos a trabajar por un país más justo socialmente y más respetuoso con la madre tierra", añadía.

Sobre Rafael Larreina

Así se describe él mismo en su propio blog:

"Nací en Vitoria-Gasteiz en 1956. Estudié Económicas en la Universidad del País Vasco, PLGP2007 del IESE y, desde 1990 hasta abril del 2009 he sido parlamentario vasco y Vicepresidente segundo de la Cámara en la VIII Legislatura, siempre dentro de Eusko Alkartasuna, de cuyo partido soy secretario del área de Política Económica y Fiscal de la Ejecutiva Nacional. En cuanto a mis intereses, las asociaciones a las que pertenezco creo que los reflejan bastante bien: Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, internet&euskadi, Club de montaña Gasteiz, Greenpeace y la Asociación Cultural Hegoalde de fomento del euskara. Pero sobre todo, soy un ciudadano más, con voz propia en este blog y dispuesto a hablar de cualquier tema contigo."

24 de marzo de 2012

Los grandes entienderedes

- Resumen de la clausura del II Congreso Iberoamericano de Redes Sociales
- Post escrito para 1001 Medios

"Tenemos que seguir escuchando, seguir aprendiendo y seguir cambiando". Así concluía Jose Luis Orihuela, presidente del jurado de #iRedes, la segunda edición del Congreso Iberoamericano de Redes Sociales. Y los @1001Medios lo firmamos y añadimos, con su permiso y porque tenemos más de 140 caracteres, que tenemos que seguir experimentando, arriesgando y trabajando, que no están las cosas como para adormecerse en los laureles mientras nos repetimos los discursos. Quizá mañana comamos de todo esto; o no. Habrá que intentarlo. Y porque de rentabilizar el uso de las redes sociales y de sacar tajada iba la cosa a eso de las 9.30h de la mañana, poco importaron la resaca y la falta de sueño tras una noche de fiesta y premios, que el auditorio estaba completo en el que fuera el arranque de la segunda jornada del congreso burgalés: Ganas de sobrevivir, todas las del mundo:



---- Vídeo de la mesa "Rentabilidad y monitorización de redes sociales"

Y de sobrevivir a sanearse; a cómo pueden y deben gestionar las organizaciones su trabajo habitual a través del uso de las redes sociales. Conclusiones: hay que saber escuchar y hablar, incentivar la participación ciudadana, incluir a los usuarios en la actividad diaria y fomentar sus mecanismos de control sobre ellas. Como ejemplos sobre la mesa, desde ser la community manager de Aerco hasta asesorar la comunicación de Mariano Rajoy; porque organizaciones, como saben, hay muchas y de muchos tipos. Juzguen ustedes mismos:

Vídeo de la mesa redonda: "Las redes sociales en las organizaciones".

Y como cuando uno siembra recoge, dicen, llegó el momento de premiar a profesionales que han sabido entender de qué va esto de usar las redes sociales. Virginia Perez Alonso, directora adjunta de 20minutos.es y ganadora de la categoría individual, era contundente: "la reinvención sólo es posible si te dejan trabajar con libertad". La tuvo y se reinventó.

Como la Fundación del Español Urgente logró entender, tras siete años de actividad, que el asesoramiento para el buen uso de nuestro idioma tenía que adaptarse a las nuevas redes, que según Joaquín Muller-Thyssen, su director, les han ha hecho ser "más modernos y más abiertos".

La mancha: la ausencia, por motivos de salud, de nuestro compañero y amigo Enrique Meneses, que recibió el premio Letras Enredadas y que recogió, en su lugar, el periodista Ramón Trecet. "Me gustaría que él hubiera gustado aquí", resumía.

Un último debate ante el auditorio: "¿Para qué sirven las redes sociales?". Todo un éxito, considerando la participación del mediático Risto Mejide y Agustín Fernandez Mallo. "Aquí se han dicho muchas tonterías"; comenzaba Mejide. Y con un "No me hago Twitter porque no me da la gana" concluía, entre el acaloramiento de la conversación, el escritor.

Las conclusiones del II Congreso Iberoamericano de Redes Sociales, para terminar, os la dejamos de la mano del profesor Jose Luis Orihuela.

- Storify de los 10 tuits resumen de iredes de Jose Luis Orihuela



5 de febrero de 2012

Sin una estantería en la que poner mis libros

- Imagen tomada en Uruguay, en 2009.


Andreo es periodista. Acaba de volver a Madrid, después de tres años en Caracas intentando buscarse la vida. Carmen es periodista. Volvió hace un tiempo de Quito, donde intentó buscarse la vida. Rafael es economista, tiene un máster en periodismo y volvió hace unos meses de Buenos Aires, después de intentar buscarse la vida. Alma es periodista. Ha pasado un año en Argentina, otro por Latinoamérica y en mayo se marcha a Senegal, a buscarse la vida. Yo acabo de volver a Madrid, después de un año en Granada y uno anterior recorriendo Latinoamérica, intentando buscarme la vida. ¿Quién sabe por cuánto tiempo?

Formamos parte de una generación que, acumulando títulos superiores, experiencia laboral e inversiones paternas, "no encontramos una estantería en la que por fin poner nuestros libros." Así lo ejemplificaba hoy Andreo, entre cañas, amigos y mucha razón. Vivimos condenados o con la suerte de llevar nuestras casas a cuestas. Una bendición, en todo caso, para mí.

Hace unas semanas un artículo en El País decía: "Partir es morir un poco. Dejar atrás la familia de uno, los amigos de uno, el barrio de uno, la ciudad de uno... Decidirlo. Cargar la maleta. Cerrar las puertas de la casa de uno (si es que tiene) para abrir otra (si es que la consigue) de la que aún no se tiene llave. Decir basta y marchar voluntariamente y/o por necesidad. Hay mil razones ahora en España...".

Yo tenía 17 años cuando mi primer novio (ese que suele marcar nuestras vidas), me dijo una noche en un rincón escondido de mi playa favorita que no se imaginaba viviendo en ningún otro lugar que el nuestro. Intentaba convencerme para que no partiese, pero dos días después me fui, y sin intención de volver. No había ninguna crisis. No sé si me explico... Será que, como decía mi amiga Alma, "partir también es nacer un poco". Y aunque sea difícil; aunque la soledad a veces acompañe, el estómago cruja y la insestabilidad agote, renacer una y otra vez, para algunos, empieza a convertirse en la mejor opción de vida.


4 de febrero de 2012

¿Vale la pena ser periodista?

Martín Franco es periodista, de Manizales (Colombia). Trabajó para la agencia EFE como corresponsal, entre otras peripecias. Ahora trabaja en la revista Cromos. Va como anillo al dedo para Martín: sabe escribir y es un tipo crítico, tanto que no hace más que replantearse esta profesión de locos. No es para menos, al otro lado del charco, aunque los latigazos son de otra índole, duelen igual. A cinco días de celebrar el Día del Periodista en Colombia, nos lanza una pregunta: "¿Vale la pena ser periodista?":


El panorama es cada vez menos alentador: en España el diario Público anuncia “concurso de acreedores” (lo que significa que no tiene cómo pagar sus deudas), y La voz de Asturias le sigue los pasos. En televisión se hacen recortes y cadenas que parecían ideológicamente incompatibles se fusionan. El resultado: cientos de periodistas en la calle o, peor aún, regalando su trabajo por tres pesos. En Colombia la situación no es tan desalentadora (al menos hasta ahora), pero tarde o temprano llegaremos a lo mismo. El periodismo, al menos como está concebido hasta ahora, es inviable; las nuevas tecnologías trajeron formas de hacer y abordar un oficio que estaba en manos de pocos. Si esto es bueno o malo no lo sé (seguramente tendrá algo de las dos), pero cada vez es más difícil pensar que uno podrá pasar el resto de la vida ejerciendo como periodista en un medio.

No pretendo abrir la polémica sobre si los medios –en especial los de papel–, van a desparecer; el tema, creo, ya ha sido tratado hasta la saciedad. Tan sólo me gustaría entender porqué yo mismo, que apenas llevo poco más de un lustro ejerciendo, me empeño en seguir en un oficio que no es, ni de lejos, el “más bello del mundo”, como lo describió García Márquez. Patrañas: todo el que haya sido periodista alguna vez (porque son muchos los que lo han dejado), sabe que este camino está más lleno de espinas que de rosas. Estoy cada vez más convencido de que si tuviera que trabajar en un noticiero de televisión, pendiente de las chivas y el “último minuto”, preferiría renunciar y poner un puesto de empanadas en una esquina bogotana. No me emocionan un ápice las tales “chivas” y me producen lástima los periodistas que corren tras ellas sin importar lo que tengan que hacer para conseguirlas.

Me aterra la forma cómo está concebido el periodismo de televisión, al menos aquí en Colombia: hacer bulla, agrandar las cifras, magnificar los desastres para llamar la atención de un público sediento de morbo. Pero qué sé yo: a juzgar por lo que hacen algunas cadenas españolas con sus reportajes en la tele, me parece que si por acá llueve, en la Península no escampa. Parece que aquí y allá vamos en picada.

***

Me he pasado los seis años que llevo haciendo periodismo metido en salas de redacción de medios escritos. Es, creo yo, el género del oficio más completo, menos visible y el que primero va a desaparecer gracias a la era digital y al hecho de que las nuevas generaciones leen mucho menos que las anteriores. He pasado por un periódico, cinco revistas, una agencia de noticias en España y escrito de manera freelance para varias publicaciones. Tengo un blog que me genera amores y odios, y que he cerrado y vuelto a abrir decenas de veces después de decirme a mí mismo que “esta vez sí será la última”. Conservo muchas objeciones hacia los medios escritos (no termina de convencerme el hecho de que quieran parecerse cada vez más a la televisión), pero, con todo y eso, estoy seguro de que me daría muy duro salirme de ellos.

Y todo porque creo en el poder de la buena escritura; en la fuerza que tiene contar una historia bien contada, fijándose en los detalles y el contexto; estoy convencido de que las noticias se comprenden mejor cuando se dibuja una cara tras el hecho y no nos dejan nadando en el mar de las cifras. Creo en la palabra escrita como el arma más eficaz contra el olvido –esa peste generalizada por el exceso de información al que estamos sometidos–, y tengo la certeza de que quienes escribimos no lo hacemos sólo para demostrarle algo a nuestros improbables lectores, sino para descubrir nosotros mismos lo que estaba oculto antes de empezar a redactar y que, de una forma u otra, nos ayuda a encontrar nuestro lugar en el mundo.

Escribiendo la historia de un torero inglés en Málaga, que seguía cogiendo el capote a los 67 años luego de una operación a corazón abierto y aun a riesgo de morir, entendí, aunque suene muy obvio, que poco importa el éxito o el dinero si uno hace algo con una pasión desbordante. Hurgando tras los pasos de un escritor caldense que ha ganado más de treinta premios pero sigue siendo desconocido para el gran público, comprendí que correr tras la fama es una carrera vana; que el paso del tiempo es implacable y nos borrará a todos más temprano que tarde. Intentando reconstruir la historia de un periodista de mi ciudad que se hizo matar por sus ideales, creí entender que ninguna historia vale una vida, y que quizás sea mejor llevar una existencia humilde, rodeada de las pocas personas que nos quieren a pesar de nuestras constantes equivocaciones, a convertirse en un mártir olvidado. Puede que me equivoque, sí, o que las cosas que crea comprender no sean como las veo, pero gracias a estas y otras tantas historias, he llegado a agarrar con las manos un poco –muy poco, en realidad– de eso que llaman vida.


***


No sé por qué soy periodista. Nadie en mi entorno familiar lo es (mi padre es economista y mi madre profesora), ni he tenido influencia alguna para convertirme en ello. La referencia familiar más cercana a esta profesión son dos libros viejos, empastados de manera rústica y escritos a máquina, que redactó mi abuelo hace varios años. Se llaman Antes del olvido y son sus memorias. No hay que pedirles mucho más allá de una honestidad bonita: mi abuelo fue más un hombre de campo que de letras –pasó más de la mitad de su vida entre fincas–, y por eso mismo sus libros están plagados de errores de ortografía y sintaxis. Pero eso ni siquiera es periodismo: se acerca al plano de la literatura, un campo que me apasiona más que las noticias.

Puede que por ahí vaya la cosa: escogí el periodismo porque intuí que era una buena forma de contar historias, aunque haya grandes diferencias entre la ficción y la realidad. Estoy convencido de que ésa es la forma más efectiva que tienen los hombres para comprender su entorno y el de los demás, y de paso dotar su vida de sentido. Las historias, así sean muy diferentes a la nuestra, nos ayudan a comprender que no estamos solos, que lo que vivimos también lo viven otros y que aquello que no hemos podido experimentar ya le ha sucedido a alguien. A través de ellas entendemos –o tratamos de entender– a los demás. Y de paso a nosotros mismos.

Supongo que ese es el punto. Por eso, tal vez, el afán de informar, la inmediatez, las ganas de soltar la chiva antes que el otro o trabajar arduamente por una exclusiva, no me atraen. A veces me pregunto si elegí bien y no tengo una respuesta; me gustaría haber hecho otra cosa, tener un saber más concreto y menos etéreo, pero al final me convenzo de que esto es a lo que más me ajusto. No sé si lo ejerceré toda la vida, pero al menos siempre tendré la posibilidad de contar una historia, haga lo que haga.
***
¿Vale la pena ser periodista justo ahora cuando los medios se cierran, la estabilidad laboral de los comunicadores se reemplaza por el “freelance”, los sueldos son cada vez más bajos y la carga de trabajo, por cuenta de la tal convergencia, es agotadora?

Es una pregunta difícil y más si tenemos en cuenta el incierto futuro de la profesión. Asistimos a una forma completamente distinta de abordar el periodismo y a un despertar tecnológico sin precedentes. En la actualidad los colegas andan pegados al iPhone o al Blackberry divulgando las últimas noticias en Twitter, subiendo videos a YouTube, actualizando el blog, pendientes de sus contactos en Facebook… en fin: casi que han reemplazado su vida real por aquella de la web 2.0. Puede que me esté quedando atrás –lo sé, soy consciente–, pero aún me resisto a caer en esa rutina; quizás no tenga nada de malo, pero no quiero ser esclavo de la información efímera (que tanto contribuye a nuestro Alzheimer colectivo), ni reemplazar lo tangible por lo virtual. Puede que así no vaya para ninguna parte, que tarde o temprano termine cayendo en lo mismo, y que mantener esta actitud raye en un romanticismo absurdo, pero, al menos hasta que sea inevitable, seguiré haciéndolo.

La respuesta, al final, es esta: no sé si valga la pena ser periodista. A veces creo que sí, que hay algo de noble en este oficio, pero otras veces me parece que estamos poseídos por el deseo narcisista de ser reconocidos. Hay que ver cuánto ego tienen algunos colegas, y la verdad sigo sin entender por qué: ¿qué tiene de especial esta profesión? ¿Qué la hace diferente a las otras? No lo entiendo. Mientras tanto, mientras trato de obtener la respuesta a tantas preguntas, me quedo con una frase de Kapuscinski sobre el poder que tiene contar una historia: “Hay que ser conscientes de que al final siempre nos espera el resabio de la insatisfacción. Lo único que podemos pretender es lograr una aproximación a esa visión, esa imagen que, a nuestro juicio, merece la pena transmitir”. Quién mejor para decirlo.

................................................

Ahí queda la opinión y en consecuencia, os dejo la entrevista que le hice hace un año a Hollman Morris con motivo del Día del Periodista en Colombia, uno de los mejores profesionales de raza con los que me he cruzado. Centro de acoso y derribo de Álvaro Uribe, su ex presidente. Conoce las consecuencias de ser periodista y aun así, lo tiene claro: merece la pena como merece que veáis lo que nos contó a los 1001 Medios

3 de febrero de 2012

Alejandro Suárez desnuda a Google ante los líderes de Internet

Cobertura para Ágora News
Imágenes: Marco Graciano

Alejandro Suárez logró reunir en la de presentación de su nuevo libro, Desnudando a Google, a cientos de líderes nacionales de Internet. Lo hizo con una gran fiesta-espectáculo en Pachá Madrid en la que las fuerzas del bien y el mal de la saga ‘La Guerra de las Galaxias’ ejemplificaban las dos caras de la gigante tecnológica.

“¿Te gusta Google?”, preguntaban al entrar. A los que sí les entregaban la pegatina Google Flower Power. A los que no, una de Darth Vader. Y es que, según el autor del libro, existe una parte de la empresa oculta; una cara B que va más allá de un buscador de información gratuito o una empresa con prácticas laborales agradables. Pagamos un precio por usar Google: les cedemos parte de nuestra privacidad. Y no es un precio bajo.

Os lo cuento en el vídeo resumen que hice ayer con Ágora News, la agencia de vídeo online a la que me acabo de incorporar como Directora de Contenidos. (Aprovecho la ocasión, así, para comunicaros el cambio). ¡Que la fuerza os acompañe!




7 de enero de 2012

El Ego 2.0 y las malas críticas

Hay películas que, vistas en el momento indicado y contra todo pronóstico, acaban convirtiéndose en caldo de cultivo (ya que la expresión está de moda) para nuestras propias reflexiones y posteriores conclusiones. Anoche vi Revolver, una cinta de Guy Ritchie sobre, en una primera lectura, gansters norteamericanos. En una segunda, sobre el daño que puede llegar a hacernos nuestro propio ego y la necesidad de controlarlo.

Dicen en la cinta que el ego es el peor enemigo de uno mismo porque se esconde en el último lugar en el que buscaríamos: en nuestras mentes. Dicen que en la religión el ego se manifiesta como el diablo y que no nos damos cuenta de lo astuto que es porque hemos creado a este "personaje" para evadir nuestras culpas. Que no existen los enemigos externos, sino que los creamos nosotros, nuestra percepción interna, nuestra propia ignornacia. Que somos nuestro propio amo y esclavo.

Me llevo todo esto a mi terreno: al periodismo, a la comunicación digital, a las redes sociales, a nuestra necesidad extrema, profesional y personal, de contar dónde estamos, qué estamos haciendo, nuestras opiniones (de lo que realmente sabemos y de lo que no), lo que nos gusta algo, los sitios maravillosos a los que vamos y lo orgullosos, en general, que estamos de nuestras vidas. Me preocupa. A veces me nace una molesta sensación conocida entre los freaks como yo como "verguenza 2.0", necesaria, supongo, para mantener la cordura y el equilibrio en este mundo en el que, según se mire, uno puede llegar a prostituir su buen intelecto y su ignorancia, según el caso.

Hace pocos días un amigo me hizo una agria crítica sobre un punto específico de un post que publiqué en este mismo blog. Me la transmitió a través de las redes sociales; en público, como público era mi post. Y lo hizo dada la "responsabilidad que implica publicar", como con acierto me recordaba, más allá del acuerdo o no en el punto criticado. Un latigazo personal, en un primer momento. Un latigazo de mi propio ego, en realidad. Lección aprendida a tiempo, al menos, para la cantidad de críticas que conlleva el ejercico del periodismo y la comunicación porque, al fin y al cabo y sin que se nos olvide, el ego 2.0 y las malas críticas pueden ser una bomba letal para uno mismo.

Valores. Que no se nos escapen los valores ante ese sabor dulce que representa poder decir lo que uno quiera, desde dónde, cuándo y cómo quiera y, con más razón, si nos dedicamos a comunicar. Valores ante el protagonismo que representa el recibir la aceptación de un "me gusta", de un "RT" o de una mención. Esto funciona de la misma forma en la que funciona la vida. Aceptamos los aplausos pero no los abucheos. Conciencia, respeto, humildad, honestidad con nosotros mismos. Sólo de esta forma podremos darnos cuenta de que en realidad, los enemigos externos no existen. Nunca existieron.




27 de diciembre de 2011

La vuelta a Latinoamérica en 180 días


De los dos meses en Brasil a los diez días en Venezuela, de los que pocas historias, que pudiesen seros de utilidad, tengo para contar. Más adelante, en mi segunda entrada al país de Simón Bolivar, os contare mis impresiones. Y de los diez días en Venezuela a los dos meses en Colombia que, si me permitís, os resumo en un primer post que ya publique hace tiempo para el blog de un gran periodista de Manizales. Tengo varios, me temo, para desglosar todas las historias que explican mis ganas de regresar. Ahí va, sin más divagación, un nuevo capítulo de La Vuelta a Latinoamerica en 180 días. Agárrense fuerte, que nos vamos.

14. COLOMBIA, EL RIESGO ES QUE TE QUIERAS QUEDAR.

Aterricé en Bogotá un viernes de "septimazo". Mis ojos, abiertos como platos, no llegaban a un acuerdo sobre dónde echar los primeros vistazos, si a los enanos mariachis, a los ancianos que bailaban cumbia, a los percusionistas que tocaban "currulao", a los cantantes desafinados de karaokes improvisados o a los puestos de carne de cerdo. En mis oídos, un zumbido continuo y homogéneo derivado de sonidos varios y, en su mayoría, desagradables. El corazón, reboloteando, alegre. Y en mi estómago, por qué no decirlo, litros de aguardiente.

Me alojaba en una casa colonial del barrio de la Candelaria, lo que me hacía más difícil creer que andaba tan lejos de mi Andalucía natal. Al instalarme me imaginé a los españoles de armadura y pura raza invadiendo, construyendo, quedándose. Pensamientos poco recurrentes y ya cansinos que se me escapaban a hurtadillas cuando oía saliendo de los portales esa cumbia deliciosa que aún hoy hace mover mis pies. ¡Cómo no iba a cautivarme un lugar donde la música nunca cesa y el guaro no deja de correr! ¡Cómo no iba a querer quedarme!


-Imagen 2: La Candelaria, calle que desemboca el la plaza del Chorro de Quevedo

Me enamoré de Colombia de un flechazo, con la ilusión de una amante primeriza. Ella me buscó a mi y yo no reprimí la correspondencia. Amé a la capital, amé a "Metrallín", Buenaventura, Cali y Capurganá por igual. Para mi los lagos de Villa de Leyva eran los más azules del mundo. El café paisa el amargo más dulce del universo. Los cangrejos de La Barra, los más rápidos del planeta y los jugos del Caribe, los más frescos de la tierra entera.

Aprendí a entender el vallenato y la salsa. Aprendí a hacer arepas, huevos periqueros y patacón. Aprendí a salir de fiesta desde las cinco de la tarde. Me inventé una percepción personal de la política, de la sociedad y la economía para provocarme más ganas de quedarme. Forcé una mirada distinta para observar la pobreza, la delincuencia y todos los problemas que han dado fama a Colombia. Y al fin, hasta sus basuras me gustaban, pues no es más atractivo un país construído que el que está por construir. Masoquismo a parte, todo era encantador, o me lo parecía.

- Imagen 3: Lagos de Villa de Leyva


Políticos pro yanquis, guerrilleros, paramilitares, policías cargados de ametralladoras, narcotraficantes, extorsionadores, ladronzuelos de poca monta, intimidadores, taxistas... A todos debí temerles si hubiese seguido las instrucciones de mis colegas colombianos o si simplemente, hubiese escuchado las noticias una semana antes. No hay que olvidar que hasta hace muy poco tiempo éste era uno de los países más violentos del mundo. Bueno, el caso es que tal vez fuera por mi inconsciecia viajera, por mi condición inevitable de europea o por simple estupidez, pero yo nunca llegué a sentir más que respeto por el suelo que pisaba. De hecho, debía ser tal mi cara de felicidad continua que al día caían varias advertencias sobre los peligros del país que visitaba, sobre todo en la noche bogotana. Razón no les faltaba. Gente falta de educación, comida, refugio y droga me acechaban para repetirme una y otra vez aquello de: "Ey monita, ¿una monedia o qué?". Perros callejeros, dealers de cocaína, taxistas de dudable licencia, poca luz, guardias de seguridad que vigilaban más mis piernas que las calles y, en resumen, la siniestralidad callejera común en las principales urbes latinoamericanas. El truco: que la suerte te acompañe y llevar unos cuantos pesos sueltos en los bolsillos para responderles, sin miedo, con educación, respeto y rapidez. Víctimas de un sistema injusto, como siempre.

Tuve suerte de conocer el carcter bipolar de Bogotá. Hubo gente que me recibió en su mansión de Yerbabuena, (uno de los barrios residenciales más elegantes y caros de Bogotá) y gente que me permitió acompañarles a por un poco de marihuana a los alrededores del "Cartucho", una de las zonas más marginales y conflictivas del centro de la capital. Viajé en descapotables y en las peores camionetas. Tomé cocktails en "Andrés carne de res" y pola barata en los bares de la 60. Comí suculentos ajiacos en la Plaza Bolívar y menús obreros en el mercado del Chorro de Quevedo. Frecuenté los museos más renombrados y asistí a pintadas colectivas e ilegales de graffiti. Lo rico y lo pobre, el bien y el mal, la seguridad y el peligro, lo moderno y lo conservador... Pocas cosas hay en Colombia en general, y en Bogotá en particular, que se aleje de las contradicciones.


- Imagen 4. Barquero en Buenaventura, en el Pacífico colombiano

Un amigo español que conocí alli me comentó una vez que lo mejor y lo peor de Bogotá coincidía en su gente. De un país en puro conflicto político y social derivan demasiadas secuelas que acaban influyendo en la personalidad de los ciudadanos. No hubo un día en el que alguien no quisiera mostrarme la belleza del país y borrar la miseria para la extranjera. ¡Qué importante era para una aventurera como yo cruzarse con gente generosa y dispuesta! Todos parecían tan divertidos, tan modernos, tan liberales, tan cultos y bohemios, que una no esperaba una bofetada de conservadurismo y tradición a la ligera. Pero me las dieron. La espontaneidad alegre pasó rápidamente a la tristeza inconsolable. La servicialidad pronto acabó con una excusa y los mejores deseos. Las altas farras veían al amanecer con la nariz lesionada y un mismo adjetivo acababa definiendo la libertad sexual de la española. Mi enamoramiento, entonces, empezó a verse afectado. Decidí pues, que Bogotá no era mi sitio.

Buenaventura quizá si lo era. Después de muchas horas de autobús y un par de lanchas pisé tierra en Juanchaco. Mi emoción era más grande que el propio océano Pacífico y me sentía orgullosa y la más aventurera pisando un lugar tan roots como aquel.


- Imagen 5: Niña en La Barra

- Imagen 6: Puerto de Buenaventura

Conocí a un pescador en el muelle que me acompañó a buscar un buen sitio para mi tienda de campaña y que me regaló un par de piezas para la cena. El choque cultural, entre afroamericanos, era demasiado pronunciado y para mí, como un caramelo deshaciéndose en la boca. Finalmente me instalé en la playa de La Barra. Por el día, paseos por los manglares, baños en la playa y juegos con los niños del lugar. Por la noche, baños decorados por el brillante placton, fogatas y currulao. Un rincón con magia, eso era La Barra, el rincón más mágico que había encontrado en Colombia.

Volví a la ciudad, pero esta vez a Medellín, y sin mucho interés después de las secuelas que me había dejado el Pacífico. Recuerdo poco. El metro cable, la biblioteca España sobre la montaña, la plaza de Botero, los ricos cafés, las bandejas paisas, los mercados de fruta, la majestuosidad y elegancia de su centro histórico y sobre todo, aquellas urnas en la que el Ayuntamiento deposita las armas que les quitan a las personas que atracan en el centro de la ciudad que allí y en varios lugares se conocen como "gamines", según me cuenta Pablo Villegas, el amigo que nos mostró la ciudad. Aún se me ponen los pelos de gallina cuando imagino aquellas navajas, tijeras, destornilladores, cuchillos o machetes. ¡Demasiada ciudad para tan costeña viajera!

-Imagen 7: armas depositadas en las urnas colectivas en la campaña "Un arma menos son muchas vidas más"

El Caribe engloba mi último recuerdo colombiano. Nunca olvidaré la previa parada en Turbo, un poblado transportista y oscuro donde tenía que sacar todo mi dinero para cruzar la frontera a Panamá. Pero casi recuerdo mejor el arroz con coco que comí al llegar a Capurganá y el último mango que me comí al salir. Proyecto en mi mente, como si lo hubiese vivido ayer, a los chicos que jugaban en las pequeñas barcas, a los que se adentraban en la selva a recolectar alimento y ofrecermelo después, a los que miraban con envidia a los que nos íbamos.



-Imagen 8: Islote entre Panamá y Colombia, en el Caribe colombiano

-Imagen 9: Triganá, en el Caribe colombiano

He viajado durante un año por América Latina. Conozco Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Ecuador, Perú y Bolivia. Las experiencias que me acontecieron durante ese tiempo son incontables y siempre irán conmigo y con Alma, mi fiel compañera de aventuras. Sin embargo hoy, después de soportar durante más de un año el dolor del regreso, me siguen acechando en sueños las personas y los momentos que protagonizaron mi paso colombiano. Me despierto, a veces, como con un guayabo de guaro solo solucionable con un jugo de maracuyá. Colombia me buscó, me encontró, me conquistó y me cambió la vida. Pienso en ella. Mucho. Todos los días y a todas horas. Y al final siempre acabo acordándome de aquella cagada publicitaria de que "el riesgo de Colombia es que te quieras quedar". Y me río. Me río cual vencida voluntaria.

-Imagen 10: peces sin cabeza para la extranjera

16 de diciembre de 2011

Cuando Sócrates se asomó a la plaza

¿Cuántas veces, a lo largo de nuestras vidas, usamos la palabra "filosofía" para referirnos a la manera que tenemos de entender las cosas? ¿Cuántas veces, en nuestro día a día, hablamos de "filosofía" para establecer racionalmente los parámetros que definen el obrar humano? Recurrimos a este concepto con la banalidad de quienes creen saber lo que dicen, pero poco entendemos, en realidad, de las teorías de Aristóteles, Platón, Nietzsche o Pitágoras. Y pasamos por alto, por desconocimiento y porque tampoco tenemos por qué saberlo, la utilidad verdadera de aplicar sus teorías a nuestra actualidad. Y útil es.

"Cuando Sócrates se asomó a la plaza" es una sección del filósofo y comunicador Isidoro Skelter que pretende aunar dos disciplinas que, en ocasiones, pecan de ignorancia mutua: Periodismo y Filosofía. Aquí tenéis su tercer capítulo, un punto de vista filosófico que surge a partir de la renuncia de Canadá a sus compromisos asumidos en Kyoto para la lucha contra el cambio climático.


3. SEPULTEROS DE NOSOTROS MISMOS

Hay ideas que cavan tumbas. Parecen empujarnos hacia nuestro propio bien pero en realidad nos hacen firmar nuestra sentencia de muerte. Un buen ejemplo lo ha protagonizado el Gobierno de Canadá, que esta semana ha anunciado en Durban su renuncia a los compromisos asumidos en Kioto para frenar el cambio climático.

Según explicó su ministro de medio ambiente, reducir las emisiones de gases, además de muy caro, sería del todo inútil si los países que más contaminan -China y Estados Unidos- no hacen lo mismo. Dicho de otro modo: “como no todos van a hacer lo correcto, yo tampoco lo haré”.

Hay un problema frecuente en filosofía política que viene muy al caso. Se llama el dilema del prisionero:

Mick y Mallory están encerrados en celdas distintas en los calabozos de comisaría. La Policía sabe que han traficado con cocaína a gran escala, pero sólo tienen pruebas por evasión de impuestos. Sin embargo, el agente Marlowe tiene una idea para hacerles confesar. Se presenta en la celda de Mick y le dice “Vengo a hacerte una oferta. Si delatas a Mallory y ella guarda silencio, tú quedarás libre y ella cumplirá 10 años. Pero si al revés, tú callas, y ella canta, serás tú quien pase 10 años encerrado y ella la que quede libre. Si os delatáis mutuamente los dos cumpliréis 6 años. Y si los dos insistís en no confesar os tocarán solamente 6 meses de cárcel a cada uno.”

El dilema muestra cómo una actitud egoísta generalizada conduce al desastre de los individuos. Si Mick y Mallory se delatan pasarán seis años en el trullo. Mientras que si se preocupan el uno por el otro, obtendrán un resultado que supone un gran esfuerzo, seis meses de cárcel, pero mucho más deseable que el anterior.

Con el cambio climático vivimos una situación parecida. La única forma de salvar el planeta es que todos asumamos esfuerzos. Sin embargo, Canadá ha visto que Estados Unidos y China no están dispuestos, que delatan al resto de prisioneros. Por eso los canadienses prefieren unirse a los chivatos y evitar la peor de las condenas (importantes esfuerzos económicos que no sirvan en absoluto para frenar el calentamiento global). Como decíamos antes: “como no todos van a hacer lo correcto, yo tampoco lo haré”. Esa es la actitud que el agente Marlowe espera de los prisioneros.

Y ese es el tipo de decisiones que generalmente realizamos los que vivimos en capitalismo -yo el primero-. Anteponemos nuestro bien al de los otros, a veces incluso perjudicándonos a nosotros mismos a largo plazo. Desde los 30 euritos al mes para salvar a los niños de África que prefiero gastarme en irme de copas, a la manifestación a la que no asisto porque tengo muchas cosas que hacer, o el filete de ternera que compro en el súper contribuyendo así al sufrimiento animal, la explotación laboral y la destrucción de la capa de ozono. Ideas de muerte...

Así es cómo cavamos nuestra propia sepultura. Despacito y sin apenas pausa.


La cuestión moral y ética ya no atañe solamente a acabar con la injusticia. El cambio climático pone de relieve que lo que nos jugamos es la misma supervivencia de la humanidad. Y esto es algo que hasta los más egoístas deberíamos comprender.

15 de diciembre de 2011

Nostalgias 2

Antonio 1 y Antonio 2 son iguales. Viven en la misma casa, trabajan en la misma oficina, escuchan la misma música, van a los mismos bares, aman la misma literatura y duermen con María 1 y María 2, que también son iguales.

Antonio 1 y María 1 suelen salir a pasear juntos los sábados. Les gusta acampar en la montaña o en la playa, sentir la soledad y la paz inmensa de la naturaleza, hacer el amor una y otra vez donde nadie les vea, cocinar juntos, beber vino hasta el amanecer mientras conversan, piensan y ríen juntos. Sueñan despiertos y cambian el mundo en cuestión de segundos. Para todo tienen una clara solución que no entienden cómo nadie ve. A veces se separan, queriendo, para compartir sus vidas con sus otros seres amados, para descubrir nuevos seres amados de los que haya algo valioso que aprender. Luego se lo cuentan.

Antonio 2 y María 2 no se ven los fines de semana. Tampoco de lunes a viernes. Se miran cuando cae la noche, pero no se ven. Tienen la cabeza, supongo, en otro lado o, en el mejor de los casos, agotada. Les gusta meterse en la cama temprano juntos y abrazarse hasta quedar profundamente dormidos. No suele pasar, tienen pesadillas. Antonio 2 pronuncia durante la madrugada mensajes indescifrables e inquietos. María se levanta sin saberlo (pero sabiéndolo) a la cocina comer dulces que siempre promete no volver a comprar. Por las mañanas se dan un respiro, se clavan la mirada, se acarician, se desean que el día pase rápido. Hacen sus cosas. Luego se lo cuentan.

Un día, por equivocación, Antonio 1 amaneció con María 2. Los ojos del hombre tenían tal brillo que abrumaron a la mujer casi hasta asustarla, aunque no conseguía apartarse de ellos. Sonó el despertador una y otra vez hasta que cayó al suelo y se apagó. Se acostumbró María 2 rápidamente a esos ojos llenos de paz, a esas caricias tranquilas. Llegó tarde a la oficina y pronto a casa. Antonio 2 la esperaba. Desconcertado quedó al ver entrar a María 1 por la puerta. Pronto se acostumbró a ella.


‎"Me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer
y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños
hasta que esos sueños se apoderan
de su propia realidad."
Mario Benedetti.

2 de diciembre de 2011

Un Gobierno en funciones no puede aprobar la ‘Ley Sinde’

Ante la previsible aprobación dentro de unas horas de la polémica Ley Sinde, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando -como hicimos en el Manifiesto del 2 de diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet. En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks. En todo caso insistimos en estos razonamientos:

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del Ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Pásalo. Publícalo.

Os dejo con un vídeo de Javier de la Cueva, abogado especialista en estos temas. En sus manos ha estado la defensa, entre otros, de Ladinamo (primera sentencia que reconoció el Copyleft), de Sharemula (que confirmó que las webs de enlaces a archivos en redes p2p no cometen delitos) y es el creador e impulsor de los Procedimientos Libres. Digamos que sabe de lo que habla, por si con su explicación podemos entender mejor lo que supone la aprobación de una ley como ésta.


30 de noviembre de 2011

Desnudando mis miserias

Me tiemblan las manos en este mismo instante. Lo reconozco; lo confieso; os lo cuento, por si os interesa. Estoy nerviosa. He visto el fondo de la inmoralidad y me ha parecido ver ahí abajo a alguien recostado a la sombra, plácido y sonriente. ¿Y mi alegría? ¿Dónde está? ¿Le habrá alcanzado ese ser de hielo satisfecho o se habrá escapado? Sí, habrá ido a esconderse donde nadie pueda encontrarla hasta que la tormenta se vuelva lo suficientemente calurosa como para salir airosa, relajada, comprometida y como hombro para las maldades o para las tristezas inconsolables, que es lo que mejor se le daba. Habrá que confiar.

¿Sabéis que es lo curioso? Que a nadie le debe importar esto porque los sentimientos, la pasión, el amor y los valores vuelven a nosotros sólo cuando nos interesa conseguir algo de ellos. Probablemente ni siquiera nadie entienda nada. ¿Y sabéis que es más curioso aún? Que hoy no ha pasado nada, que ha sido un día normal, fíjense ustedes. Un día como cualquier otro en el que han muerto personas en una patera accidentada y a la que nadie ha acudido a socorrer por una cuestión de fronteras marítimas. Un día como otro cualquiera en el que han surgido algunos problemas de entendimiento sin importancia entre Irán y Gran Bretaña y en el que miles de niños están, una vez más, a punto de morir de hambre a ojos de sus madres en el continente de la eterna esclavitud. Es un día normal en el que probablemente en Palestina algunos anden construyendo laúdes mientras se instaura un toque de queda o en el que adolescentes de alguna favela de Brasil anden metiéndose al cuerpo un poco de crack. Eso sí, donde no les vean. Un día más en el que las bolsas suben, las bolsas bajan; en el que una familia más de mi barrio es desahuciada víctima de un engaño profundamente meditado. En fin. Lo único raro que ha pasado hoy es que mi alegría se ha ido por patas. ¡Maldita egoísta!

Soy una periodista más, una humana más atada voluntariamente de pies y manos dentro de un sistema perverso en el que todos y cada uno de nosotros intenta salvar el alma o el bolsillo. Secuestrada, maltratada y con poca voluntad real de hacer. ¿A ustedes también les pasa? A muchos, supongo. Con aires de impotencia por no poder hacer nada más que ahorrar unos euros al mes para irme lejos, como una perroflauta cualquiera; cansada y perdida, a ver si en alguno de esos sitios que no le interesa a nadie puedo hacer algo. Y creyéndome que por decirlo, que por gritarlo o publicarlo por fin vendrá algún Mesías al que creer cuando me diga que no pasa nada, que no me agobie, que no trabaje tanto y que yo sola no puedo cambiar el mundo. Que exagero, que dramatizo. Que hay que ser más lista. Que no desnude mis miserias.

26 de noviembre de 2011

Tarareando y "cuestabajo"

1. MAUI Y LOS SIRENIDOS

El embrujo de Granada les unió, les inspiró y nos acabó regalando el arte de Maui y los Sirénidos. Después de 'Flamenco Sumergido' y de 'Un Ratito Más', esta pintoresca banda andaluza regresa el 30 de noviembre con 'Problemología', un disco que nos dará un puntito de positivismo, surrealismo y demás "ismos" a los obstáculos con los que, como seres humanos, tenemos que enfrentarnos en nuestro día a día, que no son pocos. Pero sin agobios, que de eso ya se encargan otros. Sin pretensiones; que de eso también se encargan otros. Y sobre todo con alegría; que de esa nunca nos falte.

Antes de que lo comprobéis vosotros mismos con la entrevista en primicia que nos concedieron a los Cuestabajo y a Cultura Independiente a cuatro días de adelantar su tercer trabajo en Facebook, aquí los tenéis a modo de presentación. Señoras y señores, con todos vosotr@s: ¡Maui y los Sirénidos!



No sólo su música y su filosofía de vida nos dan razones de sobra para conocerlos. Apasiona su vocación por el arte. Son de esos que no ignoran la realidad ni los nuevos tiempos por los que atraviesa el mundo de la cultura y aún andan buscando, como todos, un nuevo modelo de negocio que les permita continuar haciendo aquello que les llena el alma. De momento lo tienen claro: los discos son una carta de presentación y un regalo. De lo que quieren alimentarse, como todo el que tiene pasión por esto, es de la gratificante experiencia que nos brinda la música en vivo.

Sin más divagación aquí tenéis la entrevista y un adelanto, en exclusiva, de que van a compartir con nosotr@s con su 'Problemología': nuevos sonidos, nuevas fusiones de blues, guaguancó y flamenco al más puro estilo de los Sirénidos. Colaboraciones estrella, también. Ni más ni menos que Emilio Amaya, Diego Guerrero o el maestro Kiko Veneno les acompañan en esta nueva aventura de la que podremos disfrutar a partir del próximo miércoles. ¡Que la disfrutéis!



¡Y recuerda! Cuestabajo continúa con su proyecto a favor de la cultura para tod@s. La próxima entrevista será con 'el Puchero del Hortelano'. Ya podéis enviar vuestras preguntas con cariño y respeto a través de los siguientes enlaces:

- Twitter: añadiendo vuestro comentario a @cuestabajo
- Facebook: www.facebook.com/loscuestabajo
- Correo: cuestabajo09@gmail.com

Os dejamos con un último vídeo de Maui y los Sirenidos y... ¡Hasta la próxima!